Páginas

jueves, 5 de mayo de 2011

RESPETANDO LA MUERTE, SEA DE QUIEN SEA

Resulta importante escuchar a los sabios y Koldo Aldai que para mí es una voz erudita en cuestiones del alma y del corazón, dice lo que muchos pensamos, no sobre la muerte de Osama Bin Laden (que ya en paz descanse) sino sobre la reacción acontecida, principalmente, en Estados Unidos. Recuerdo un,  también sabio, refrán popular (que como mi madre decía " son experiencia racial concentrada") que rezaba "no es bueno hacer leña del árbol caido".  Por eso, por escuchar a mis mayores (mi cultura y por lo tanto cuadrante inferior izquierdo) porque siento y expreso lo mismo y porque no es natural alegrarse -vengativamente- de la muerte (puesto que éste no ha sido un regocijo espiritual basado en la conciencia de una vida ulterior y un reconocimiento de la evolución posterior a la muerte), tengo el gusto de compartir con vosotros las maravillosas palabras de Koldo, al respecto:  

“¿Dónde el gozo?”Reflexión a la muerte de Osama Bin Laden

Nunca celebrar un aliento apagado, nunca alegría por la muerte infringida a un ser humano, ya  haya tumbado grandes torres llenas de  gente, ya haya sembrado terror por la faz de la tierra entera.  Nunca gozo al segar una vida, ya sea el origen de muchas tragedias. Triste   euforia la que se ha desatado en las ciudades de los EEUU. Si en verdad hay extremos en los que es necesario acabar con un ser humano para salvaguardar a otros muchos, ello no debiera jamás dar pábulo al júbilo.

Toda vida es sagrada, también la de Bin Laden, por más que  el asalto a su mansión con la posterior muerte pudiera  encontrar alguna remota justificación al no poder capturarlo vivo. El gozo  televisado  de Occidente por la ejecución del líder violento sólo puede agrandar la brecha civilizacional. En estos  momentos en los que es especialmente importante  cuidar  las relaciones entre la cruz y la media luna, esa algarabía por las calles de Nueva York y Washington no ayuda en absoluto.

“Hoy podemos decir a los familiares de las víctimas del  11S que esta noche se ha hecho justicia”, ha declarado Obama. Esta vez no podremos, como hasta el presente, apoyar al presidente de los EEUU en el conjunto de su oratoria. Una nación podrá defenderse privando de la libertad a un ser humano, podrá incluso, en un  grado límite, privarle de la vida  con la exclusiva condición de no poder atraparlo de otra forma y resultar una  enorme amenaza para la integridad de otras muchas  personas. Estaremos, en cualquier caso, ante una cuestión de defensa de la vida, nunca de justicia. Podemos regular la convivencia, asegurar el derecho inalienable a la vida que Dios nos ha dado, pero no hay en ningún calendario, ninguna noche para “hacer justicia”. Esa suerte de última e irreparable “justicia” es de otros mundos, de otras esferas, de otros discernimientos que han subyugado por entero la emocionalidad, que han alcanzado esa  mente superior no contaminada. La palabra justicia queda muy  grande para el diminuto humano. No somos dignos de “justicias” de esos calibres, ni siquiera el más leído letrado.

Muy probablemente los dos helicópteros de la Navy Seals que irrumpieron en la mansión del hombre más buscado del mundo, hayan  asegurado la reelección  de Obama  en las  próximas  elecciones presidenciales. La operación acrecienta la posibilidad de que el líder demócrata vuelva a la Casa Blanca. Será difícil encontrar un mejor inquilino, pero también es cierto que al presidente, en los diferentes discursos que ha pronunciado sobre el fin de Bin Laden, le ha faltado la altura de miras, la generosidad que le han caracterizado y que ha manifestado en otras comparecencias sobre delicados temas.

Al congratularse con las concentraciones, que en las grandes ciudades norteamericanas celebraban la muerte de Bin Laden, Obama ha pinchado como no lo había hecho hasta el presente. Faltaba la didáctica que explicara las razones para perpetrar esa relevante y  al tiempo cuestionable operación. Faltaba la entereza moral que le situaría por  encima de quienes estos días gritaban entusiasmados “USA, USA…” al conocer la noticia, como si de una hinchada deportiva, tras victoriosa goleada se tratara… Preferimos un presidente  en el banquillo, dando la bienvenida a los republicanos, que haciendo dejadez de la innovadora conciencia y de la superioridad  moral que hasta el presente había demostrado. Primero los principios elevados, después los votos de la calle, a ras de tierra.

El sentimiento de alivio en algunas personas puede ser comprensible, pero no así el de gozo. Ese gozo, además de éticamente escaso y censurable, invita a la venganza por parte de una Al Qaeda aún viva. No nos alegramos por la muerte de Bin Laden, por la de ningún ser humano. Dejemos las fiestas para otros motivos, para cuando calle la última bomba, para cuando se vacíe el último cargador, para cuando el humano supere el paradigma de la cruda confrontación en el que aún se halla aún inmerso. Por supuesto abandonemos  el sentimiento de victoria y venganza consumada que planea sobre el imaginario de tantos norteamericanos.

Nunca hay victoria si hay que disparar sobre un humano. La civilización es un lugar luminoso en el mapa en el que no hay veda libre para la caza a muerte ni siquiera de los tiranos, ni de los terroristas más sanguinarios. Si en una determinada situación hay que acabar con una mente poderosa, enferma de fanatismo, ello no dejará de ser, siquiera en alguna pequeña medida, un fracaso de nuestra condición humana, nunca un triunfo. La venganza, por lo demás, siempre será un magro objetivo. Cuando se plantea a esta escala global sólo puede traer más sangre y dolor para unos y otros en el futuro. Salir de la espiral de la venganza, cualquiera que sea su móvil u escenario, es uno de los mayores  retos humanos.

El “God  bless America” de Obama después de evocar esa particular justicia se nos antojaba algo provinciano y excluyente. Dios bendice a todos/as por igual, ya profesen una religión u otra, ya tengan el pasaporte de la nación más poderosa del mundo, ya de la más humilde. Sin embargo la nación más poderosa sí tiene añadida responsabilidad. Al mostrar músculo militar, tiene también que manifestar músculo ético y moral. La fuerza de una nación no radica en los helicópteros de la Navy Seals, en sus entrenados soldados, en su ingente poderío bélico. La fuerza de una nación radica en la inteligente, generosa y siempre altruista utilización de esos medios, siempre al servicio de nobles ideales, nunca de la hinchada patriótica de turno.

viernes, 15 de abril de 2011

Entrevista al filósofo Jordi Pigem

Aquí os dejo hoy una estupenda entrevista realizada a Jordi Pigem, el estupendo filósofo que nos habla de la necesidad de los nuevos valores, con ocasión del lanzamiento de su libro GPS (lo global, lo personal y lo social), libro que suena verdaderamente integral,  osea que habrá que leerlo. Por ahora veamos...

http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-la-2-jordi-pigem/1070750/

miércoles, 13 de abril de 2011

P R A C T I C A I N T E G R A L D E V I D A



Ken Wilber lo ha dicho muchas veces;  lo único que tiene verdadera importancia es: “la práctica”,  o bien repite: : “práctica, práctica, práctica”, como también han hecho numerosos maestros espirituales a lo largo de la historia.  lA PRACTICA INTEGRAL DE VIDA.

De nada nos sirve conocer, teóricamente,  los contenidos de todos los libros si luego en nuestra vida diaria noaplicamos aquello que conocemos en todos los niveles de nuestra existencia.  Por ello ¿por qué practicar? Precisamente para vivir una vida conscientemente más libre, plena y auténtica y de esa forma vivir de manera coherente una vida en consonancia con nuestros niveles más elevados. Es importante conocer desde dónde partimos para practicar, puesto que hacerlo es un viaje en sí mismo.  El más apasionante que podamos hacer nunca, pues el destino es el conocimiento y experiencia de nuestra propia y auténtica naturaleza humana y divina. La motivación, como punto de partida es importante que esté desprovista de egoísmo o “materialismo espiritual”, es decir de finalidades tendentes a buscar exclusivamente el bienestar o la mitigación de una sensación de separación (la famosa idea de la búsqueda).  Con el tiempo la motivación se vuelve más y más integral y evoluciona de manera natural hacia la trascendencia. 

Para facilitarnos la vida “práctica” y apoyarnos a mantener la Visión Integral en todo lo que hacemos, Ken y ciertos directivos del Instituto Integral norteamericano crearon la Práctica Integral de Vida y la han distribuido por el mundo en forma de libros, packs de trabajo, videos y audios. En nuestro país está publicado un libro por la editorial Kairós con el mismo nombre en el que ya en su portada nos dice de lo que se trata la Práctica: “Programa orientado al desarrollo de la salud física, el equilibrio emocional, la lucidez mental y el despertar espiritual del ser humano del siglo XXI.

La Práctica Integral nos ayuda en todos los campos, tanto personal como profesionalmente, incluyendo –sin duda- la práctica espiritual y el trabajo con la sombra.  Se trata de una práctica cruzada presentada en forma de módulos esenciales  (físico, mental (en el que se incluye la conciencia emocional), espiritual, sombra (término acuñado por Jung para referirse a todas aquellas partes de nosotros mismos que no nos gustan y que negamos, reprimimos o somos inconscientes de tenerlas) y auxiliares (ética, trabajo, relaciones, creatividad, alma).  Toma lo mejor de las sabidurías orientales tradicionales y lo más avanzado en técnicas modernas occidentales.

Además la Práctica Integral, por trabajar desde el modelo AQAL/OCON, es decir desde el modelo Wilberiano de los cuatro cuadrantes, líneas, tipos, niveles y estados, nos permite trabajar sinérgicamente el cuerpo, la mente y el Espíritu en los ámbitos del yo, de la cultura y la naturaleza. Además es escalable, lo que significa que podemos adaptarla al tiempo del que disponemos,  llegando, incluso a disponer de módulos de un minuto, para que nunca podamos decir aquello de “es que no tengo tiempo”.  Y la pregunta es ¿De verdad no tienes tiempo para amarte?

En el trabajo con la sombra, piedra angular de la Práctica (puesto que nada de lo que trabajásemos tendría sentido… ni efecto,  sin el trabajo profundo con la sombra), encontramos que a falta de un/a buen/a terapeuta que nos apoye para conocer ese lado oscuro que esta alienado y oculto), Wilber nos ofrece la sencilla técnica del 3,2,1 que se trata del ejercicio de la “apropiación de la sombra”, en otras palabras, asumir la responsabilidad de aquello que es propio.  Cuando pongo algo en tercera persona(3), como “él me hizo o me dijo esto o aquello” y por lo tanto juzgo a esa persona, no estoy reconociendo qué parte juego yo en esa historia y puede ser tan sencillo como: no haber dicho la palabra correcta, o el tono adecuado, o el momento oportuno.  Cuando paso a la segunda persona (2) y hablo con el otro dentro de mi misma,  le digo todo lo que siento y escucho lo que el otro tiene que decir.  Dialogo y dejo zanjado el asunto en mi interior   ( a veces es  reconocer que en realidad esa relación no es viable por formas, por desinterés, por estilos,  motivaciones, o niveles de conciencia diferentes y muchas otras veces termino aceptando que el otro es diferente y respeto sus opiniones y visiones del mundo, y también en esta segunda persona respeto las mías) y así hago las paces con la otra persona y conmigo misma en mi interior y paso a la primera persona (el 1), entonces me responsabilizo de mi motivación, de mis actos y de mis decisiones posteriores y así dejo al otro libre de ser como desee ser.

Cualquier práctica de cualquier módulo, tanto de los básicos, como de los auxiliares está llena de técnicas de todo tipo, tanto Integrales (es decir generadas por Wilber y su equipo del Instituto Integral) como tradicionales (yoga, tai-chi, terapia humanista, psicoanálisis, meditación vipassana, juego de roles, lectura, levantamiento de pesas, etc) y ninguna es rígida o dogmática.  Se trata de elegir por lo menos una o dos  de cada módulo básico  y una de los módulos auxiliares y por supuesto se pueden elegir técnicas que no estén en los módulos, siempre y cuando se sepa a qué módulo pertenece y por lo tanto qué cuadrante, nivel, línea, tipo y estado estamos trabajando.